Llegaron las tachas a mi vida, y algo más Publicado el 08/06/2017

Amapola Carvajal

Ser una chica con estilo ahora es cada vez más subjetivo. Fui de compras después de un día deportivo, en mi cuidad hace un frio alucinante, por ende sólo estaban libres mi ojos. Hoy seria un día para comprar mis zapatos nuevos, no eran cualquier zapato, serian mis compañeros en mi primera cita con mi novio, uuuyy qué nervios. Las tiendas de zapatos casi me volvieron loca, ya que todo me gustaba. Pero quería verme juvenil y además con un toque real de glamuor. Pero en concreto para sentirme así debía ser un poco llamativa, porque si no llamas la atención no hay glamour.

Recordé mi época de universidad, ese tiempo fue hace ya un rato y las tachas sólo la usaban los Punkies. Que no siempre eran aceptados por todas las personas, ya que pedían cigarros y si no les dabas porque no tenias ganas o no fumabas lo tomaban muy a mal, y te lanzaban sus palabrotas sin chistar. Todo este tipo de pensamiento me invadió después de mirar por unos 20 segundos unas botas negras alu-ci-nan-te, pero colmadas de tachas.

Las compré, después de probármelas y tener esas sensación de que estaban hechas para mi;  y salí de la tienda con esa sensación de que no recordaba que prendas tenia para mezclar esas nuevas joyitas con olor a nuevo para sentirme como yo deseaba. Salí de la tienda con una actitud media insegura pero feliz a la vez. Me senté en mi café favorito. Reflexioné recién conocí a este chico, mi meta hoy es ser agradable para el. Es de esos hombres que uno aben que son especiales y que le cambian la vida con sus encantos.

Recordé que el mejor ingrediente para tener glamour, es destacar. Bebí mi capuchino, y al rato en mi casa me di la ducha en calma. Elegí mi ropa con cuidado como siempre y con un poco de miedo porque ser chica es un tema sensible en toda época. Recordé mientras lo hacia una película de Almodóvar, recordé a Agrado, la chica, que también es un chico porque sólo tiene pechugas de mujer ajjajaja.

Que “Una es mas auténtica, cuanto más se parece a lo que ha soñado de uno misma”, y sonreí en paz, agregue a mis nuevos zapatos con tachas de concierto punk-rock, la ropa que más me gusta. Agregare el lápiz labial más rojo que encontré en mi estuche de campaña al salir. Llegue al lugar y lo pase increíble. Sólo fui yo misma con mis tachas. Bienvenidas las tachas a mi vida. Bienvenido el glamour. Bienvenida a yo seguir siendo auténtica y yo misma en cualquier situación.